A 25 metros de altura, cuatro policías del Sector Teotongo salvaron la vida de un joven que intentaba suicidarse.

Por Marcos Tinoco Martínez

Vía radio llegó la información que en uno de los pilares del Puente de la Concordia, entre los límites de la Ciudad de México y el Estado de México, un joven tenía intenciones de suicidarse. En pocos minutos arribaron dos motos y una patrulla del sector Teotongo y bajaron los elementos de la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) para intentar disuadirlo.

Edwin Redonda, Francisco Castillo, Jorge Dávila y Juan Manuel Patiño son los policías que esa noche le salvaron la vida al joven de 17 años. Se acercaron a él conforme al Protocolo de Actuación Policial de la Secretaría de Seguridad Ciudadana de la CDMX, para la Atención de Personas con Conductas Suicidas en la Vía Pública e Instalaciones del Sistema de Transporte Colectivo y empezaron a disuadirlo a través del diálogo, la empatía, la solidaridad y la escucha.

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“La vida es muy hermosa, siempre hay alguien por quién vivir”, le dijeron los oficiales de policía. Lo distrajeron y pusieron atención en la historia que el joven contaba. Unos minutos después decidió no exponer su vida y pidió ayuda para volver a subir al puente pues no sabía hacerlo y los 25 metros de altura del puente le estaban causando vértigo.

Al verlo titubeante, temeroso, Edwin Redonda saltó los tubos metálicos del Puente de la Concordia y se paró en uno de los pilares mientras los otros policías continuaban distrayéndolo y acordonando la zona para evitar algún otro incidente pues el puente ubicado sobre la avenida Ignacio Zaragoza tiene una longitud de 3mil 747 metros y cada hora circulan 9 mil 600 vehículos.

En ese momento los policías que arriesgaban su vida por la del joven, no tuvieron miedo, solo pensaban en ponerlo a salvo.

Los tres policías que estaban en el puente utilizaron las correas de sus armas y mochilas para hacer un amarre largo y sujetar al muchacho.

Redonda lo acompañó hasta el límite del puente y la barrera de tubos metálicos y lo cargó sobre sus hombros para que sus compañeros empezaran a subirlo poco a poco en los poco más de dos metros de altura que tiene la barrera, y una vez el joven a salvo, los policías auxiliaron a su compañero, lo jalaron con  lazos y correas para llegar a una zona segura pues no había nada de lo que  el oficial se pudiera apoyar para salir.

El joven de 17 años de inmediato fue atendido por una ambulancia del Escuadrón de Rescate y Urgencias Médicas de la SSC, dio el número telefónico de su madre quien fue contactada para llevarlo a casa pues una vez controlada la crisis nerviosa que padecía, no requirió traslado hospitalario.

Para los cuatro elementos del sector Teotongo, ser policía es un orgullo, significa ponerse la camiseta y estar lado a lado con sus compañeros para poder regresar a casa a salvo pues en muchas ocasiones de las habilidades y el apoyo que presta uno, depende la vida del otro.

Los policías coincidieron que se sienten satisfechos de poder ayudar a la gente, de lograr salvar una vida y recuperar pertenencias robadas, pero sobre todo, dicen, nada se compara con tener el agradecimiento de la gente cuando nuestro trabajo pudo mejorar un poco su día.