Pasaban los días y César seguía sin poder hablar, sin poder moverse, sin sentir las piernas, simplemente observando lo que pasaba a su alrededor. Todos los días, los doctores le decían a su mamá que tal vez no sobreviviría el día, que mejor se fuera a arreglar los papeles del funeral. Su ánimo y esperanza disminuían considerablemente.

Pasaban los días y César seguía sin poder hablar, sin poder moverse, sin sentir las piernas, simplemente observando lo que pasaba a su alrededor. Todos los días, los doctores le decían a su mamá que tal vez no sobreviviría el día, que mejor se fuera a arreglar los papeles del funeral. Su ánimo y esperanza disminuían considerablemente. 

3 meses estuvo en aquella situación, de octubre a diciembre en el hospital en terapia intensiva sin poder hablar. En la madrugada del 24 de diciembre, varias detonaciones de arma de fuego despertaron a César, quien continuaba en la cama del hospital. Pasados 5 minutos, frente a su cama vio a un señor gritando desesperado por ver a su hijo, las enfermeras le dijeron que tenía impactos de bala y que no lo podía ver. Para ese momento, César ya cansado, deprimido y  desesperado pensó “si en verdad existes Dios, lo único que pido es que le dejes ver a su hijo, me pongo en tus manos... tú elige”, minutos después, el chico falleció. Mientras narraba esa parte de la historia, César muestra cómo la piel se le puso “chinita”. 

A las 7 am. lo volvieron a revisar. César despertó con sed, recuerda que tenía antojo de jugo de manzana.  El director del hospital y otros dos médicos le preguntaron cómo se sentía, a lo que César contestó: “bien, tengo sed, quiero un jugo de manzana”, los doctores estaban asombrados no daban crédito de su excelente recuperación.

“Hasta la fecha doy gracias a Dios” dice César, recordando emotivo aquellos días: “después de lo que sucedió, para mí sí existe Dios”. Su recuperación fue extraordinaria salvó por una cosa, uno de los impactos en el abdomen seccionó su médula espinal. Perdió la movilidad en ambas piernas. 

A las 8 de la noche del 24 de diciembre lo dieron de alta, “aunque de ahí las navidades no han sido iguales” comenta melancólico, “día a día doy gracias a Dios por otro día más”. 

Después de que salió del hospital, el panorama no fue nada alentador. Él y su mamá tuvieron que lidiar durante varios meses con trámites burocráticos. Finalmente  regresó  la Ciudad de México. 

Ya en la ciudad busco trabajo, la cual al principio estaba resultando infructuosa. Un  día asistió al programa de Jorge Garralda “A quien corresponda”, contó su caso y lo canalizaron a la fundación “Vida independiente México”, donde le dieron una silla de ruedas y fue capacitado en el manejo de ésta, para entrar de nuevo al ámbito laboral.

No encontraba trabajo, estuvo a punto de “tirar la toalla”. Un día le hablaron de la fundación “Vida independiente” le dijeron que  fuera a una plática al museo del policía para sensibilizar a los policías sobre cómo ayudar a las personas con discapacidad, César no quería pero al final aceptó.

En el evento se realizó  una ceremonia policial y dijo “yo antes hacía eso, cómo carajos me pasó esto”, le recordó su vida anterior al incidente. La  banda de guerra sonó y se le puso la piel chinita. El secretario “Lobo” comenzó su discurso sobre la discapacidad, César levantó la mano y pidió hablar con el secretario y solicitarle trabajo.  El secretario lo mandó llamar y César le contó su historia. Tomaron sus datos y 3 días después lo llamaron para una entrevista  en la Secretaría de Seguridad Pública, donde lo contrataron de inmediato.

En octubre César cumple 40 años de edad. En este mes también se conmemoran 10 años de aquel suceso. Siempre será un mes muy significativo y de reflexión para César. “Una discapacidad nunca se acepta, pero vives con ella” Comentó. Ahora se dedica a disfrutar plenamente a su familia, su esposa y sus 3 hijos. “El ser policía es ser todo, parte del complemento del ser humano, ser policía te llena de satisfacciones cuando haces tu trabajo bien”.Menciona orgulloso. “Yo creo que no hay límites para la discapacidad, los límites te los pones tú mismo en la cabeza.”Finaliza con un gesto de alegría.