El interés por aprender idiomas empezó a sus 51 años, cuando el desconocimiento le impedía brindar el servicio que él deseaba como Policía Auxiliar, al estar asignado al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

POLICÍA POLIGLOTA INSPIRACIÓN DE JÓVENES CADETES



Por Marcos Tinoco Martínez

El interés por aprender idiomas empezó a sus 51 años, cuando el desconocimiento le impedía brindar el servicio que él deseaba como Policía Auxiliar, al estar asignado al Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (AICM).

“Con lo poco que conocía del idioma no podía acercarme a todos los turistas que tenían alguna inquietud o necesitaban una asesoría, le dije a mi comandante que quería estudiar y accedió. Desde entonces no he parado de aprender”, dice Juan Orozco Álvarez, el policía políglota que habla seis idiomas.

Su porte es erguido, utiliza uniforme de gala y zapatos de charol relucientes. A diferencia de sus compañeros, en el pecho lleva una pequeña placa dorada que lo identifica como “english speaking officer” (oficial de habla inglesa) y encima de ella las banderas de México, Estados Unidos, Inglaterra, Canadá, Francia, Japón, Alemania e Italia, pues son los idiomas que domina.

Además sabe hablar coreano, tiene nociones de chino mandarín y hebreo y está en proceso de estudio del portugués.

El “poli políglota”, como también se le conoce en la corporación, estudia todos los días durante las dos horas que hace de camino desde su casa en Tláhuac al módulo turístico en el Centro de Coyoacán, donde actualmente labora.

Saca sus libros, cuadernos de ejercicios y diccionarios en el transporte público o en cualquier otro lugar que le dé una o dos horas de concentración, pues está convencido que el repaso constante permite que los conocimientos permanezcan frescos en su cabeza y sean útiles cuando aparezca una persona que requiera su apoyo.

En 2015, Orozco Álvarez fue merecedor de la medalla al Mérito Policial –y solo 18 han sido entregadas a la Policía Auxiliar– por su buen desempeño en las labores diarias, sus ganas de profesionalizarse y el apoyo que todos los días presta a los turistas extranjeros que visitan la Ciudad de México.

EL RETO DE LLEGAR A LA POLICÍA

Juan Orozco es tornero mecánico de oficio, sin embargo, después de algunos años de ponerlo en práctica le pareció una actividad monótona, ruidosa y sucia por lo que decidió empezar de cero, tomar el periódico y buscar otro empleo.

En el diario ESTO encontró una publicación en la que solicitaban interesados en convertirse en elementos de la Policía Auxiliar para la zona del Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México: la idea le llamó la atención y decidió acudir.

“Al solicitar el empleo me dijeron que ya no tenían lugar, pero yo en serio estaba interesado y para que vieran que me importaba les comenté que más o menos sabía hablar inglés y que una habilidad así, aquí les sería muy útil”, cuenta el “poli políglota”.

En ese momento una de las áreas tenía un problema con un turista extranjero al que nadie entendía y el oficial que entrevistaba a Juan le hizo una propuesta: si daba solución al problema se quedaba con el trabajo.

Se trataba de un turista norteamericano muy molesto porque no encontraba su computadora personal, no sabía si se la habían robado o si estaba desaparecida.

Juan se acercó, dialogó un poco y al iniciar la búsqueda encontró la laptop atorada entre una pared y la banda transportadora de equipaje, con lo que logró dos cosas: un turista contento y el nuevo empleo.


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GANAS DE APRENDER

Una vez adentro de la corporación, Juan Orozco se dio cuenta que no bastaba con tener conocimientos básicos de inglés, debía hablarlo mejor e, incluso, aprender nuevos idiomas para brindar una atención más digna a los extranjeros que todos los días atraviesan el aeropuerto capitalino.

“Le dije a mi comandante que tenía ganas de estudiar y él accedió a apoyarme, entonces me fui todos los sábados de ocho de la mañana a dos de la tarde al Centro de Enseñanza de Lenguas Extranjeras (CELE) de la UNAM y en dos años aprendí a hablar el idioma”, dice.

En la misma institución aprendió francés, italiano y alemán, este último, dice, es el que más se le ha complicado por la fuerza que se debe proyectar al pronunciarlo y su gramática. Asimismo, manera autodidacta estudió japonés y coreano, tiene nociones de hebreo y chino mandarín y actualmente estudia portugués.

“Ser policía es lo mejor que me ha pasado en la vida porque sirvo a la ciudadanía y tuve la oportunidad de prepararme mejor. A mis 69 años lo único que me queda es seguir ayudando y a partir de mi experiencia enseñarle a los más jóvenes –y dice– también le pido a la gente que confíe en su policía, en serio estamos cambiando. Somos más los buenos”.

Gracias a sus habilidades de comunicación, el “poli políglota” actualmente está asignado al centro de Coyoacán, uno de los espacios turísticos más importantes de la Ciudad de México, por lo que de martes a domingo se le puede encontrar en el módulo ubicado en la calle Felipe Carrillo Puerto entre el Parque Centenario y el Parque Hidalgo, pegado a la Iglesia Juan Bautista.