“Era una señora embarazada” recuerda José Martín Rojas: “La vimos manipulando un paquete café, típico paquete de droga” dice, mientras continúa contando lo acontecido aquella noche de septiembre del presente año, cuando él, junto a otros compañeros realizaban un patrullaje de rutina y se percataron de la actitud sospechosa de la señora y unos jóvenes que la acompañaban.

“Era una señora embarazada” recuerda José Martín Rojas: “La vimos manipulando un paquete café, típico paquete de droga” dice, mientras continúa contando lo acontecido aquella noche de septiembre del presente año, cuando él, junto a otros compañeros realizaban un patrullaje de rutina y se percataron de la actitud sospechosa de la señora y unos jóvenes que la acompañaban.

El sector de José Martín, o solamente Martín, como le gusta que le llamen, es La Noria, en la Alcaldía Xochimilco, dicha zona tiene muchas denuncias de narcomenudeo, y esa noche, mientras él y sus compañeros se acercaron a ese grupo de personas, la señora embarazada y los sujetos que estaban con ella, comenzaron a correr. Para mala fortuna del grupo, todos huyeron para el mismo lugar… un callejón sin salida. Ahí fue donde los aprehendieron.

Utilizando objetos que estaban en el escritorio al momento de la entrevista, Martín comienza a describir cómo fue que los acorralaron en el callejón: “Yo entré por aquí” dice, mientras ubica su botella de agua simulando ser él: “Y los chavos se metieron por este callejón” continúa, utilizando un folder y una hoja de papel para simular el callejón: “Ahí los agarramos, ellos solitos se acorralaron”, concluye.

En total les fueron encontrados 10 paquetes grandes de marihuana. La señora embarazada no opuso resistencia, sólo dos se resistieron, relata, pero afortunadamente, la situación no pasó a mayores.

“Típico que quieren ofrecer dinero”, comenta Martín, quien ya está acostumbrado a este tipo de intentos de soborno, “pero definitivamente no, no me voy a vender”, refiere orgulloso de haber actuado conforme a sus valores y profesionalismo.

Durante los 8 años que Martín lleva como policía, una cosa tiene muy clara: “Yo soy de acción, no me gusta sólo estar parado ahí”. De hecho, comenta que su primera intención era ser escolta: “Yo quise ser escolta, pero por mi estatura no me aceptaron ¡me faltó un centímetro!” dice entre risas. Pero eso no importa, porque el destino lo llevó a enlistarse en el cuerpo policial, y él, no podía estar más contento: “A mí me gusta mi trabajo, que vean lo que hago, que mi familia vea que hago buenas acciones”.

Y para concluir, Martín lanza un mensaje para la ciudadanía: “Que nos tengan confianza, habemos personas a las que sí nos gusta nuestro trabajo, servir a la gente, dar lo mejor que tengas como persona y que se tomen en cuenta los logros que has conseguido”, finaliza.