Durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, Valentina Viramontes estaba en la base del ERUM, ubicado en Tlaxcoaque. Ella, junto con otros compañeros, se encontraban descargando el equipo de las unidades que acababan de arribar del simulacro que se había realizado minutos antes en los diferentes puntos de la ciudad de México.

Durante el sismo del 19 de septiembre de 2017, Valentina Viramontes estaba en la base del ERUM, ubicado en Tlaxcoaque. Ella, junto con otros compañeros, se encontraban descargando el equipo de las unidades que acababan de arribar del simulacro que se había realizado minutos antes en los diferentes puntos de la ciudad de México; de repente, la alerta sísmica se activó, de inmediato pensó en sus familiares, aunque sin demasiada preocupación, ya que recordó que ellos han sido capacitados en un plan de acción ante cualquier emergencia que se presente.  

Respecto a su experiencia durante el sismo comentó: “Lo que más me preocupaba era todo el trabajo que el siniestro iba a ocasionar en la ciudad y la falta de personal para atender las emergencias” también mencionó que, sí tuvo miedo, pues pensó en el sismo de 1985, donde algunos familiares vivieron la catástrofe, que ella había escuchado sus relatos y que ahora ella iba vivir sus propias experiencias del sismo actual. Además recordó que, hubo momentos de desesperación e incertidumbre pues a falta de telefonía y servicios de internet, tuvo que conseguir un radio, por el cual sus demás compañeros reportaban la caída de varios edificios.

Valentina refirió que existe una coordinación en la que cada uno de los integrantes del ERUM se desplaza a realizar actividades específicas. Por lo que, acatando dicha coordinación, ella y su jefe se trasladaron a las instalaciones del Tecnológico de Monterrey, ubicado al sur de la Ciudad de México, para ejecutar labores de rescate y remoción de escombros, lo cual les llevó toda la noche.

Durante los días posteriores, y a pesar del cansancio acumulado, continuó con su labor de ayuda, siendo, el derrumbe de un edificio situado en la calle Álvaro Obregón, una de las labores de salvamento que más recuerda, debido a que participó en el rescate de 28 personas con vida y 49 cadáveres, situación que dejó una huella profunda en ella. 

Para Valentina, este tipo de catástrofe no es la primera a la que se enfrenta, ya que ha estado presente en diferentes incidentes de gran magnitud como la explosión de la Torre de Pemex o la explosión de la pipa en el Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa, por mencionar algunas.

A pesar de la magnitud del siniestro, con una sonrisa, Valentina menciona que “Como servidor público estoy orgullosa de mi labor y de saber que no fallé, que durante esos 15 fatídicos días de septiembre, le di prioridad a mi trabajo día y noche pese a comer y dormir muy poco, tal evento me vino a confirmar mi vocación de servicio y me encuentro muy contenta en la profesión correcta”.    

Acerca de su formación profesional, Valentina comenta que es egresada de la UNAM, e ingresó al ERUM, a través  de una convocatoria con plaza administrativa hace 6 años, refiere que 10 años antes se desempeñó como voluntaria en la Cruz Roja y simultáneamente estudiaba la licenciatura de Cirujano dentista.

Por último, y sin dejar de sonreír, Valentina comenta: “El portar el uniforme es un orgullo y representa un área muy noble, me gusta mucho y es una gran responsabilidad ya que representa brindar ayuda a quien lo siga necesitando”.