EXPERIENCIAS DE UNA MUJER POLICÍA.

Por: Marcos Tinoco Martínez

Vivir asaltos, agresiones y acoso hicieron que se cuestionara si podía hacer algo para tratar de cambiar la realidad, y entonces decidió convertirse en policía. Irma Berruecos tenía 36 años cuando entró a la corporación: buscaba cambiar la situación de violencia que las mujeres viven en las calles y además, conseguir un sustento para sus cinco hijos, pues es madre soltera.

Con uniforme de comando azul con vivos rojos característicos de la Policía Bancaria Industrial (PBI), Irma está por cumplir 27 años de servicio y piensa jubilarse pronto, no sin antes hacer conciencia entre sus compañeros de la importancia de trabajar con responsabilidad y respeto por la institución, pues considera que hace falta que haya más personas involucradas para cambiar las situaciones de violencia que se viven todos los días.

“Es lamentable que la gente no se involucre, no se meten bajo el argumento de que no quieren problemas. No importa que te estén viendo sufrir, nadie se mete y si eres mujer te dejan sola. Por eso quise entrar a la institución, yo viví acoso, asaltos y agresiones verbales y vine aquí a poner mi granito de arena para tratar de cambiar la situación”, cuenta la mujer de 65 años y semblante amable.

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LAS EXPERIENCIAS DE SER POLICÍA

Durante 27 años Irma ha estado al servicio de la PBI y le ha tocado cubrir tres servicios distintos: 12 años en un laboratorio farmacéutico sobre la avenida México Xochimilco, diez años en una tienda departamental en Coyoacán y cinco más en la guardia de las instalaciones de la PBI.

En ese tiempo ha tenido que someter algunas personas, como cuando en la tienda departamental en la que laboraba, la llamaron porque unas personas querían salir sin pagar los artículos que llevaban, al intentar detenerlos se fueron a los golpes, por lo que Irma tuvo que hacer uso de sus técnicas de defensa para someter a los agresores y llevar a cabo su detención.

Recuerda también que antes de ingresar a la corporación, trabajó dos años como guardia de seguridad privada comisionada a las oficinas del ISSSTE ubicadas en Plaza de la República, muy cerca del Monumento a la Revolución.

“Un día estaba haciendo unos recorridos por la oficina y entraron unas personas por la parte frontal del edificio intentando llevarse la nómina del lugar, pero ellos no sabían que el dinero entraba por otro lado y en un horario distinto, como vieron que no podrían llevarse nada salieron corriendo y disparando en todas direcciones. Esa vez la vi cerca porque una bala pasó frente a mí, hasta escuché el silbido de la velocidad con la que iba”, cuenta con la emoción como si hubiera ocurrido hace poco tiempo.

Sin embargo, lo que más ha impactado su vida como policía ocurrió cuando laboraba en el laboratorio farmacéutico: estaba de guardia en su estación cuando le informaron que en el baño de hombres había una persona que se sentía mal, pidió los apoyos médicos pero acudió a ver de qué se trataba ante la insistencia de los trabajadores.

“La puerta del baño estaba cerrada y me metí por abajo para intentar abrir. Había una persona sentada en el escusado que no reaccionaba, cuando llegaron los paramédicos para sacarlo del baño y darle los primeros auxilios se dieron cuenta que no tenía signos vitales. Le detectaron un infarto fulminante. Eso ha sido lo más duro que me pasado, nunca te esperas que algo así vaya a pasar”, dice.

ORGULLO POR SU TRABAJO

Irma Berruecos insiste en que está próxima a jubilarse, quiere pasar tiempo con su mamá como recompensa a todas las veces que se quedó al cuidado de los nietos mientras ella se iba a trabajar para obtener el sustento.

Agradece haber tenido la oportunidad de entrar a la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC) hace 27 años apoyando su papel como madre soltera, pues eso le ha permitido darle educación universitaria a sus hijos.

“También cumplí un sueño porque yo siempre he querido ayudar a la gente y qué mejor manera de hacerlo que en esta institución. Más allá de lo que se diga, ser policía es un orgullo y una gran satisfacción, es una labor muy noble en la que te entregas por el bienestar del otro por convicción propia”.