Abraham Martínez Méndez, con más de 13 años siendo policía, relata una de las experiencias más significativas que vivió en los últimos meses. Recuerda que ese día circulaba sobre la calle Dickens, colonia Polanco, y junto con una unidad de Policía Auxiliar, cubrían el operativo Polanco-Condesa.

Abraham Martínez Méndez, con más de 13 años siendo policía, relata una de las experiencias más significativas que vivió en los últimos meses. Recuerda que ese día circulaba sobre la calle Dickens, colonia Polanco, y junto con una unidad de Policía Auxiliar, cubrían el operativo Polanco-Condesa.

Por la radio escuchó la emergencia, sujetos extraños irrumpieron en una casa. Abraham arribó al lugar y solicitó apoyo del Centro de Comando, Control, Cómputo, Comunicaciones y Contacto Ciudadano de la CDMX (C5) una vez en coordinación con ellos, le indicaron a Abraham que las personas sospechosas que se encontraban dentro del domicilio estaban saliendo por la puerta principal.

Abraham observó correr a uno de los sujetos, al cual, rápidamente alcanzó y sometió en el piso, durante el forcejeo, el sospechoso intentó agarrar un objeto que tenía a la altura de su cintura, “pero no pudo, se lo impedí” recalca orgulloso Abraham, dándose cuenta que se trataba de un arma, la cual logró arrebatarle. 

Delfino Cruz Cruz no perdió detalle de lo que le sucedió a su compañero, ya que estuvo en el momento indicado de la persecución, y al darse cuenta, intervino inmediatamente logrando la detención de otro de los sospechosos, al cual le encontró entre sus manos un alhajero que momentos antes había sustraído de la casa. 

Delfino relata así su experiencia: “Al momento de acercarme a detener al sujeto, éste se detiene al verme, no opuso resistencia, como si mi sola presencia lo incitara a rendirse”. 

En los 5 años de experiencia que tiene Delfino, dice que nunca había detenido a personas que con tan solo verlo, se rindieran. 

Para ellos, el ser policía les ha dado grandes satisfacciones como tener una  mejor vida y un trabajo estable, dándoles paz y alegría a sus familias. Además, los dos concuerdan en que el amor por la camiseta es tal, que les cambió la existencia, es parte de su vida, su segunda familia.

Finalmente, ambos coinciden en que la policía les ha brindado las herramientas suficientes para poder ofrecer a la ciudadanía un servicio de calidad: “Es un orgullo portar el uniforme y por siempre lo será”.