ORGULLOSO DE SER POLICÍA CON LA SATISFACCIÓN DE SALVAR VIDAS

Por Marcos Tinoco Martínez

Salvar una vida es indescriptible, dice Christyan Noé, un elemento de 32 años que desde hace diez forma parte de la Policía Bancaria Industrial (PBI) y que en dos ocasiones ha tenido la oportunidad de salvar y cambiarle la vida a niños.

Ingresó a la corporación a los 22 años por el gusto por el uniforme y tras recibir el apoyo de toda su familia, pero fue el esposo de su hermana, un policía preventivo, el que terminó por motivarlo.

“Ser policía es un gran orgullo, me cambió todo, veo la vida con otra perspectiva, con más responsabilidad y respeto al prójimo. Te das cuenta de cómo es la ciudad, los riesgos que hay y también las cosas buenas. A mí me gusta dibujar y en algún momento pensé en estudiar Diseño Gráfico, pero no me arrepiento. Estoy muy contento con poder ayudar a la gente y estar al servicio de la ciudadanía”, dijo.

El joven de semblante fuerte ha cubierto tres servicios a lo largo de la década en la que ha laborado en la Secretaría de Seguridad Ciudadana (SSC): primero estuvo en una empresa en la colonia Industrial Vallejo; después en vía pública en el Sector Pradera y por último en el Centro de Transferencia Modal (Cetram) Indios Verdes, donde se encuentra hasta la fecha.

En su carrera policial ha vivido dos casos que han marcado su vida, el primero ocurrió en 2018 mientras apoyaba en las vialidades en Indios Verdes en la zona conocida como La Herradura. Un usuario se acercó para avisarle que del otro lado de la avenida Insurgentes había un niño de alrededor de nueve años que lucía extraviado y estaba intentando cruzar. “Ojalá lo pueda ayudar, no lo vayan a atropellar”, le dijeron.

“Efectivamente se encontraba del lado del carril confinado, me acerqué a la reja que divide el paradero Indios Verdes de la avenida Insurgentes, vi al niño y le grite ‘No te vayas a cruzar hijo, ahorita voy por ti. Espérame’ y apenas pude me eché a correr, brinqué un barandal y salté hacia Insurgentes, paré la vialidad, tome al niño de la mano y le ayudé a cruzar”, relata Christyan.

Para ganarse la confianza del niño lo invitó a comer y fue cuando el pequeño le contó que se había escapado de su casa porque lo golpeaban mucho, entonces el oficial reportó el hecho para que el niño tuviera en un lugar seguro y hacer que cambiara su realidad, aunque hizo su trabajo de acuerdo a los protocolos, asegura que a veces le gustaría saber qué pasó con el pequeño.

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SALVAR UNA VIDA

En el otro hecho que marcó su trabajo, Christyan salvó una vida. Se trató de un bebé de seis meses y ese 2 de marzo de 2019, dice, jamás podrá olvidarlo.

“Estaba dando mis recorridos habituales sobre el Anden “A” del paradero Indios Verdes cuando un hombre se acercó para solicitarme apoyo para atender una niña que, al parecer, se estaba ahogando”, cuenta.

De inmediato se dirijo al lugar y observo a dos mujeres desesperadas que habían entrado en pánico, al ver al oficial, una de ellas le entregó al bebé, le dijo a gritos que era su hija y  se estaba ahogando, que ya no se movía y no sabía qué hacer.

El oficial guardó la calma e hizo algunas preguntas ¿sabe con qué se está ahogando?, ¿tenía algo en la boca? al no obtener respuesta y darse cuenta que la bebé estaba tomando un color azul y morado y ya no tenía palpitaciones, empezó a darle primeros auxilios.

Recostó a la niña boca abajo sobre su brazo izquierdo y comenzó a darle palmadas entre la nuca y la espalda. A pesar de la adversidad, Christyan no perdió la calma y segundos después la niña empezó a reaccionar y a llorar.

“Cuando vio que la niña respiraba, su mamá empezó a llorar y a darme las gracias. Sentí algo muy fuerte porque me lo hizo saber con toda sinceridad, me dijo ‘muchas gracias por devolverme con vida a mi hija, ya no sabía qué hacer, la gente me veía y nadie hacia nada, hasta que lo vi me sentí segura, sabía que usted salvaría a mi niña’”, recuerda.

Al ver que la emergencia había pasado la gente empezó a retirarse del lugar, algunos suspiraron y otros le dieron las gracias o lo felicitaron.

“En ese momento lo primero que pasó por mi cabeza fue salvarle la vida a la menor, cumplir la función primordial que tenemos de servir, ya después me puse a pensar qué hubiera pasado si no tuviera la preparación en primeros auxilios, si no estuviéramos preparados para cualquier dificultad y para darle resultados positivos a la ciudadanía. La historia hubiera sido muy diferente a la que hoy puedo contar”, dice.

Christyan asegura que ser policía es un orgullo y además de los apoyos que ha brindado, dice que ver cómo se le acercan los niños, le sonríen y lo saludan lo llena de emoción. “Tengo a mis hijos, soy papá y que se emocionen por ver el uniforme o que te miren como si fueras un héroe o como alguien en lo que ellos se quieren convertir es muy bonito, son esas cosas que hacen que ame mucho mi profesión”, dice.