Su padre fue policía, se retiró a los 36 años de servicio. Sus hermanos fueron policías. Sus dos hijos son policías. Una de sus hijas, abogada, trabaja en la SSP de la Ciudad de México. La otra, contadora, en la Bolsa de Valores.

El “Jefe Apolo” es actualmente Subsecretario de Control de Tránsito.

Su padre fue policía, se retiró a los 36 años de servicio.  Sus hermanos fueron policías.  Sus dos hijos son policías. Una de sus hijas, abogada, trabaja en la SSP de la Ciudad de México.  La otra, contadora, en la Bolsa de Valores.

La historia de un policía que no se arrepiente de serlo, comienza con el uniforme de su padre, frente a los éxitos de sus hermanos mayores también policías.  Luis tiene 43 años de haber entrado a la Policía de la Ciudad de México, ha pasado por todas las áreas, ha conocido el mando de 19 secretarios. Ha viajado a España, a Londres, a Estados Unidos, a Singapur, a Francia para recibir cursos especializados.

Ahora quiere enseñar a los jóvenes.  Recuerda que cuándo comenzó los viejos policías se decían entre ellos: “… que se friegue 20 años”, y no los dejaban ascender.  “No podíamos avanzar” asegura.  Por eso ahora pretende “soltar todo lo que sé, enseñar a los jóvenes”.

Rosales Gamboa vive en la misma casa, en la Unidad San Juan de Aragón, heredada por su padre, donde ha vivido desde que comenzó en la Policía.  Le enorgullece “haber sacado adelante a mi familia con mi sueldo”.  

Cree en la perseverancia.  Y también en nunca decir “No”.  Trabajo y perseverancia caracterizan sus 43 años en la Policía, “se sobresale con esfuerzo y trabajo, con perseverancia”.  Está convencido de que las situaciones adversas “fortalecen”, acepta haber vivido situaciones amargas que no le han dejado huella.

No lo cuenta, pero ha recibido muchos reconocimientos, entre ellos una condecoración “Al Valor y Lealtad en Acciones de Alto Riesgo” en 1999.

“Estar en la Policía te quita muchas cosas” dice.  Tiempo, sobre todo, tiempo para la familia, para los hijos.  Por eso Luis Rosales le agradece a su esposa, con la que ha estado casado 47 años, su paciencia.  Y dice haber ofrecido disculpas a sus hijos por sus horarios porque “ser policía es un trabajo de 24 horas, para eso necesitas tener mucha convicción”.

Pese a su vocación de enseñar a las nuevas generaciones de policías, asegura no ser protector, obligarlos a luchar, a trabajar.  Afirma dejar escuela: “A los mandos actuales los agarré de pollitos”.

Pese al agradecimiento con su esposa, ha dejado que la metan al corralón porque no quiere aprovecharse de su puesto.  No exige dinero a sus subordinados, ninguna cuota, pero tampoco permite abusos.  Por eso dice que va a pasar a la historia de la Policía demostrando que se puede vivir sin “charolear”.

Debió retirarse hace tiempo, pero lo hará cuando, físicamente, no le quede otra opción, mientras tanto va a escribir un libro sobre la Policía, sobre lo que sí funciona porque “no hay trajes a medida” …